| [ Ramón Giménez
]
Es guitarrista de Ojos de Brujo. Y es, además, su corazón.
Romántico, apasionado y vitalista. Del barrio de La Trini nueva,
en Barcelona, aunque ahora vive en la vieja. Más que un barrio,
dice, una escuela. Defiende la posibilidad de buscar, en cada momento,
lo que te gusta y motiva. Buscar ese sitio que da sentido a tu vida.
Y a pesar de tener treinta y cuatro años ha quemado etapa tras
etapa. La de escuchar los discos de soul, rumba y flamenco de los hermanos
mayores pero también la del flamenco que pasó de peña
en peña, gracias a su hermana, bailaora profesional en la Asociación
Cultural Carmen Amaya de Madrid. La hiphopera en la que abandona su guitarra,
se compra unas bambas y se lanza a hacer break, durante cuatro o cinco
años: en una época en la que el break todavía no
se había introducido en España, un amigo que había
hecho la mili en Torrejón le había enseñaddo sus
primeros pasos de breakdance. Tenía quince años y cuenta
que iba disfrazado en plan tribu urbana de los ochenta, con pendientes,
collares, cadenas y pañuelos en los pies y que se pasaba el día
bailando con la música de Michael Jackson o lo que hubiera y yendo
a competiciones. Iba el instituto con un spray y un cassette en lugar
de los libros. Daba clases teóricas de hip hop. Su Biblia eran
las películas de break dance, que llegaban a ver hasta once veces.
Todavía hoy asegura que si hubiera tenido vídeo, habría
sido brutal. Fue la época de sus primeros flirteos con el hip
hop y el funk, hasta que de repente descubrió el scratching: aunque
al no tener plato scratcheaba con el cassette. De la mano del hip hop
conoció el funk y siguió con el soul e intentó aplicar
esos estilos a su guitarra. Luego vendría el rock. Sigue considerando
el Master of Puppets de Metallica uno de sus incombustibles: dice que
por el compás y el sonido grave de la guitarra y los ritmos. Así que
se compró el pedal de distorsiones más tirao que había
y a aplicar a la guitarra rítmica una técnica de flamenco
con zapúa para conseguir la distorsión que necesitaba.
Después conoció a Juanlu y empezaron a tocar juntos. Primero
en la calle y luego en un local de un centro cívico. Y tocaban
flamenco, aunque adaptado a la reinterpretación de ambos. Juanlu
veía huecos donde nadie lo había pensado antes. Ramón,
por su parte, empezaba a hacer "falsetas" que para él sonaban
a bulerías y Juanlu definía como funkies. Estaba decidido
a montar un grupo con él. Pero se fue a Los Ángeles. El
proyecto, que en realidad no era proyecto, se paró.
Por entonces
ya le había dado carpetazo a un par de discos de rumbas ( Los
Xavis) y había dejado de ir al local y hasta de tocar. Y entonces
Juanlu volvió de Los Ángeles con las ideas muy claras y
con muchas ganas de retomar la historia, así que comienza otra
etapa: después del trabajo Ramón llegaba a Escudillers
y se ponían a ensayar. Allí había muchos músicos.
Carlos Jaramillo guitarrista de Mesmalua, que ha grabado todos los discos
Ojos, Macaco o Amparanoia. Danilo, un batería chicano de Los Ángeles;
Kiko Klaus. Dani Carbonell, que había tocado con Juanlu en una
formación de funky reggae llamada Magiaanimal. Y el cien por cien
de Ojos de Brujo: el cubano Muñeco, que tocaba flamenco con las
congas; Marina, recién llegada de Valencia. Panko, con quien había
grabado su primera maqueta.
No se trataba de abandonar el proyecto personal de cada uno, sino de
pasarlo bien en el intercambio. Y Juanlu lo grababa todo. Una nueva dirección
musical en la que había funk, hip-hop, flamenco. La clave es que no
existía la intención de formar una banda, ni de sonar de una
manera concreta. ¿ El camino? La investigación. La búsqueda
del otro. Alimentar las ideas nuevas. Saber escuchar. La semilla principal
de Ojos de Brujo nace de la inquietud por encontrar los puntos en común
entre el flamenco y las otras músicas. Ramón y Juanlu se habían
encontrado con un grupo de gente que hablaba en ese mismo código. Ojos
de Brujo le permite, además, desarrollar un campo en el que se siente
especialmente cómodo: la electrónica. Optimizar tiempo e ideas.
Aprovechar la tecnología para avanzar. Uno de sus retos actuales es
que cada miembro del grupo tenga su propio estudio en casa. Otro, disfrutar
el presente sin perder la perspectiva de la realidad. De una vida que más
allá de sonreírle, dice, se le está ofreciendo a carcajadas.
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